miércoles, 25 de abril de 2012
Por la huella de la palabra
MARÍA ESTHER ROBLEDO DE GUZZO, POETA
Domingo, 12 de Diciembre de 2004 | San Juan, República Argentina
Por la huella de la palabra
Fue una de las seis argentinas que viajaron al "XII Encuentro de poetas mujeres en el país de las nubes", realizado en México. La escritora sanjuanina mostró allí su obra y compartió experiencias sociales con otras sesenta autoras de todo el mundo.
Pablo Henríquez - FOTO: FEDERICO LEVATO
Entre el 9 y el 16 de noviembre, 60 poetisas de 20 países recorrieron la región Mixteca, en el sureste de México, en el marco del "XII Encuentro de poetas mujeres en el país de las nubes". Allí, además de compartir literatura, dieron clases en escuelas y vivenciaron la importancia que en el país azteca se les da a la poesía y la cultura en general, incluso en las clases sociales más bajas. Y una autora sanjuanina, María Esther Robledo de Guzzo, tuvo el orgullo de estar allí.
María Esther fue invitada a través de SALAC (Sociedad Argentina de Letras, Artes y
Ciencias, filial San Juan) a enviar cinco poemas, un currículum y una ponencia de
10 minutos a los organizadores del encuentro en México, quienes de inmediato aprobaron su participación. De esta manera (y gracias al apoyo de la Fundación III Milenio) se convirtió en una de las seis poetisas argentinas que viajaron.
El objetivo fue amplio, si se tiene en cuenta que abarcó llevar alimento no sólo a nivel intelectual sino también físico. "Les enseñamos a las maestras a hacer un cuento, recomendamos escritores para leer, se hicieron talleres con los niños y hasta compartimos ollas populares", explica María Esther, quien regresó a San Juan sorprendida por el alto valor que en México le dan al poeta y a la poesía. "Se preparan todo el año para esta fiesta de las letras, que justamente nació por el gran porcentaje de analfabetismo que impera", dice. Las escritoras convivieron con familias diferentes, de estratos sociales opuestos, pero en todos los casos percibieron el hambre de cultura que el mexicano lleva en las venas.
La escritora
María Esther Robledo dice que escribe desde siempre. "De chica, cuando quería arreglar algún problema en casa les dejaba una nota a mis padres sobre la cama", recuerda acerca de sus primeras incursiones en la literatura. Tiene dos libros por editar: "Verde esmeralda", poesía, y "Tejiendo colores de otoño", cuentos (hay doce que han recibido premios provinciales y nacionales). Pero además ya cuenta con un libro publicado, "Huella" (ver Opinión). "Mi poesía es muy directa, de la cotidianeidad. Y Huella es el latir de la vida -explica la autora-. Tenía muchos poemas escritos, hasta que un día José Leónidas Escudero me sugirió juntarlos. El mismo revisó la selección que luego fue publicada". Dice que tiene dos grandes motivaciones para escribir: el placer por la palabra y "el plantear una foto de un pensar", esto es exponer temas que, a su entender, merecen ser compartidos.
Pero, a pesar de sus logros, María Esther no es una mujer estridente. Quizá lo único que, a primera vista, la delata como artista es que habla con voz de poeta, con la cadencia del que le da a cada palabra el tratamiento de una joya. Y no sólo su arte llega al corazón de las cosas, sino también su profesión de técnica en Electrocardiografía. Ahora, a los 56 y jubilada, también descubre poesía en su actividad de ama de casa y en el compartir diario con su marido, sus tres hijos, tres nietos y tres computadoras. "La máquina más moderna de las que hay en casa es la mía -cuenta-. Allí escribo y navego por internet, fundamentalmente para comunicarme con otros escritores".
También condujo un programa de radio durante seis años, "El hacer de las palabras", que salió por Radio Nacional y Radio Universidad y en el cual difundía literatura sanjuanina. Entre sus influencias figuran Borges, Cortázar, Irene Gruss, Hugo Mujica, Paulina Vinderman, Juana Bignozzi, Diana Bellessi, Delia Beatriz González, José Campus, José Escudero. Pero ahora su mente está ocupada por la fuerte impresión que le dejó el encuentro de México. Y no es para menos: "Allí nos llamaban «diosas de la poesía» -dice emocionada-, nos recibían con bandas de música, con canciones, en el patio de las escuelas nos cocinaron sus platos típicos. Nos hospedamos en comunidades con ollas populares pero también en mansiones con cuatro autos. He dado recitales en dormitorios, a choferes de camiones atravesando ríos, en conventos de la época de la conquista. Y todo gracias a la poesía".
Por la huella de la palabra
Huella de durazneros en flor, en la travesía
Huella
María Esther Robledo B. Edición de autor, 101 páginas
San Juan, 2004 - $10 pesos Por Víctor Condat Nobre, poeta y orfebre.
No es fácil abordar esta colección de poemas de María Esther Robledo B.. Pero cuando nos sumergimos en sus textos el mundo que nos devela, nos atrapa.
Como una paradoja nos sustrae del contexto cotidiano para confrontarnos con la persona, el otro, nuestro prójimo, aquel que sufre y vive en el mismo cotidiano al que nos sustrajo, sólo para hacernos tomar conciencia de la realidad histórica y social en que estamos sumergidos.
En "María", el poema inicial del libro, nos da la pauta: "María siente / que se va la vida...". Y más adelante: "María quiere ser / y toma un sueño / y escribe una palabra / que queda en la piedra / rústica y polvorienta del camino".
La palabra que María escribe intenta no perderse en el polvo del camino, queda en la piedra rústica.
La poesía que nos brinda (porque nada nos impone, sino que meramente la pone a nuestro alcance) es una cuestión de sentimientos más que de palabras y una denuncia de la realidad: es cruda en su decir pero al mismo tiempo siempre se muestra cálida, tierna y respetuosa del otro, hasta la identificación con su estigma, con su dolor.
Los poemas de "Huella" nos introducen en un mundo que es a la vez una suerte de memoria de lo ido (una huella) y expresión de lo que está acaeciendo. Sencillamente, con un vocabulario tomado del día-a-día y su gusto por la conversación tranquila, muchas veces apasionada y siempre acotada por el respeto al prójimo.
La realidad, con todos sus buenos y malos matices, es el aquí y ahora del poema. Con toda la capacidad para "marcarnos", dejarnos "huellas" que la vida real tiene. Su poesía nos despoja del momento, nos comunica con cosas que, por cotidianas o elementales, normalmente no atinamos a percibir.
Con su voz se hace presente en el mundo, con ella toma conciencia de su respiración, una respiración del sujeto en tanto que, como mujer en el mundo y como poeta-escritora está sujeta a sentir con el otro, responsabilidad que acepta.
Sucede desde el inicio. En la brevísima introducción dice: "Desgajada de sueños / busqué la noche / la noche termina en alba... / Duro ciclo de vivir...".
Por la huella de la palabra
El encuentro
El "XII Encuentro de poetas mujeres en el país de las nubes" fue organizado por el Centro de Estudios de la Cultura Mixteca en coordinación con el Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes de México, el Instituto Nacional de Bellas Artes, el Gobierno del Estado de Oaxaca y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Autoras de poesía contemporánea de Argentina, Brasil, Costa Rica, Colombia, Chile, Ecuador, Egipto, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Japón, México, Perú, Puerto Rico y Uruguay fueron recibidas por comunidades indígenas de la Región Mixteca de Oaxaca. Las poetas fueron divididas en grupos de cuatro para concurrir a las diferentes escuelas de la región donde dictaron talleres literarios. El programa también incluyó recitales, convivencias, debates y conferencias en universidades, instituciones culturales y plazas públicas, para finalizar con un gran recital en el Palacio de Bellas Artes del Distrito Federal. Se editó además una antología de las ponencias y un libro con poemas de cada una de las participantes.
Por la huella de la palabra
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